Otro juguete roto

Prismatic es ese tipo de software que amamos la gente de producto. Una “aplicación iceberg”, con un funcionalidad aparentemente sencilla, pero con una enorme complejidad técnica oculta para conseguir que el usuario perciba que, sencillamente, “funciona bien”.

Es un simple lector de noticias, pero con un complejo sistema de recolección de datos procesados por algoritmos de inteligencia artificial, para saber que noticias son verdaderamente relevantes para el usuario.

Y si la tecnología detrás de Prismatic es impresionante, la experiencia de usuario es exquisita. El proceso de rediseño llevado a cabo por Teehan+Lax es una aventura visual que merece ser contada y difundida por si misma.

Pero lo más increíble de todo es que Prismatic FUNCIONA… o, al menos, lo hará hasta el 20 de diciembre, cuando cerrará el servicio para siempre, tal y como ha anunciado en su blog.

Prismatic en la Bonilista

Pocas veces el cierre de una startup me ha tocado tanto la patata como el de Prismatic.

No soy el único. Entre sus usuarios, más que rabia o tristeza, se siente consternación ¿Cómo puede cerrar algo TAN BUENO como Prismatic? Y sobre todo ¿Cómo ha podido pasar sin que nos diéramos cuenta?

En realidad, había señales evidentes para todo el que quisiera verlas. Su CTO y cofundador, Aria Haghighi, se marchó de la compañía hace un par de años y esta no había vuelto a atraer inversión desde su primera y única ronda de financiación de 15 millones de dólares, hace tres.

Pero las alarmas debieron dispararse hace 9 meses, cuando apareció el rumor de que Microsoft quería comprar Prismatic… por 30 millones de dólares. Cualquiera que conozca mínimamente cómo funciona el capital riesgo sabe que esa cantidad era, como mucho, la mitad del precio al que fue valorada la empresa en la ronda de financiación previa.

La supuesta oferta nunca se materializó y Prismatic no ha podido crecer lo suficiente como para levantar una nueva ronda de inversión… con la que poder crecer lo suficiente. La pescadilla que se muerde la cola. Pero ¿Cómo ha llegado hasta ese punto de no retorno?

La Inteligencia Artificial en general y el machine learning en especial -la creación de algoritmos que puedan aprender y hacer predicciones a partir de datos- es uno de los nichos tecnológicos con más movimiento en los últimos tiempos. Cada mes aparecen nuevas startups que pretenden encontrar patrones en el mercado financiero o en los datos médicos, y los inversores han empezado a darse cuenta.

Sin embargo, Prismatic ha creado sus algoritmos para un mercado, el del contenido, con un gran público potencial, pero dispuesto a pagar mucho menos de lo que pagaría por usar la misma tecnología para cuidar su salud o sus finanzas.

La compañía se dio cuenta y, el pasado julio, intentó cambiar su modelo de negocio para aplicar su sistema de predicción de intereses a verticales más rentables y venderlo a empresas interesadas.

El problema es que cambiar un modelo de negocio de B2C a B2B, más que un pivot o giro puede ser un auténtico salto cuántico, tanto para los empleados como, sobre todo, para los inversores.

Ellos invirtieron en pura tecnología, no en una estructura con la potencia comercial que demanda el B2B. Y lo hicieron pensando en que, una vez demostrado su valor, se vendería por si sola.

A la hora de asumir que habrá que financiar ese crecimiento o nunca llegará, es normal que miren a Flipboard –uno de los mayores competidores de Prismatic, que después de 250 millones de dólares de inversión y con 100 millones de usuarios mensuales, sigue sin ser rentable- y les de vértigo.

La caída de Prismatic es una bofetada de realidad. Un doloroso recordatorio de que, además de una pizca de suerte y un buen timing, un gran producto no basta si no existe un sólido plan de negocio detrás.

Y si tu plan de negocio pasa por tener millones de usuarios para ganar unos pocos céntimos con cada uno de ellos, revísalo. Nos guste o no, hoy en día, lo más difícil de una startup no es empezar en un garaje sino averiguar como salir fuera de el.

Tres pinceladas sobre la felicidad

Tres pinceladas sobre la felicidad

Últimamente se ha multiplicado un discurso sobre la felicidad en el que, al exponer alguna de sus dimensiones, se la plantea como si fuera una tarea sencilla y simple. Lógicamente, la cuestión es más profunda y poliédrica. Así que para evitar el error referido, solo esbozaré tres elementos de la felicidad: actitud psicológica, trabajo ético y regalo espiritual. Pero todos ellos juntos.

Una actitud. La psicología actual insiste en presentar la felicidad como una manera de enfrentarse a la vida, pues sabe que si afrontamos mal la propia existencia se producirá estrés y, a la larga, depresión. También, que para atajar el problema se necesita superar el pasado, vivir con ilusión de cara al futuro y estar bien instalados en el presente.

“Un corazón resentido no puede ser feliz”. Así de rotundo lo manifiesta la psiquiatra Marian Rojas Estapé , quien, además, explica que el perdón no es solo una cuestión moral o religiosa, sino algo necesario para la salud psíquica. Ella trabajó con la camboyana Somaly Mam -premio Príncipe de Asturias de la Comunicación en 1998-, ayudando a niñas de los prostíbulos que habían sido vendidas a redes de tráfico sexual desde pequeñas, como la propia Somaly. Y su terapia consistía en ayudarlas a perdonar. No había otra solución para evitar el daño y volver a reconstruir una vida feliz.

Pero quizás la tarea más necesaria -y frecuente- sea la de perdonarnos a nosotros mismos. Con realismo y profundidad, sentencia Jacques Philippe que “la tarea de aceptarse a uno mismo es bastante más difícil de lo que parece. El orgullo, el temor a no ser amado y la convicción de nuestra poca valía están firmemente enraizados en nosotros”. Y me parece importante conocer y aceptar estas heridas psíquicas para, después, poder superarlas.

Julián Marías comprendió como nadie que el ser humano es futurizo. En consecuencia, necesita figurarse el bien futuro de los otros y soñar con él: “El que siente decepción debería preguntarse primero si no tendrá la culpa. ¿Nos ocupamos de imaginar a las personas y, sobre todo, de seguir imaginándolas?”. De su magisterio bebe la doctora Rojas Estapé cuando afirma que “la ilusión es el envoltorio de la felicidad”. Con ello da a entender la decisiva importancia de abordar el futuro como proyecto gozoso para alcanzar la felicidad.

Por último, es necesario mantener una actitud sana ante el presente, pues existe un enemigo de la felicidad sobre el que se ha escrito poco, pero que resulta muy importante: la intranquilidad. Y para dominarla, aprender a disfrutar el momento presente.

Un trabajo. En filosofía, ya Aristóteles en su “Ética a Nicómaco” atisbó que “la felicidad es una actividad del alma según la virtud perfecta”. En consecuencia, la vida feliz no se puede asentar sobre un fondo interior frívolo, sobre un suelo moral agrietado. Se necesita, entonces, esfuerzo para superar una enfermedad muy contagiosa en este momento cultural: la superficialidad. Con trazos geniales, lo expone el catedrático de psiquiatría Enrique Rojas : “La felicidad es un estado de ánimo positivo al comprobar que uno ha hecho en su vida el mayor bien posible y el menor mal consciente”.

Un regalo. La felicidad es un obsequio que nos adviene desde fuera cuando nos vaciamos de nosotros, siendo capaces de dar y recibir cariño. Y en apunte rápido, me parece interesante advertir el peligro de cansarse de amar ante las dificultades. Decía Chesterton que “cuando amamos una cosa, su alegría es una razón para amarla, y su tristeza una razón para amarla más”. ¡Qué gran intuición para evitar el celo amargo, enemigo frecuente y escondido de la posibilidad de ser regalado con la felicidad que da el amor!

“Si amas a una flor que se encuentra en una estrella, es agradable mirar al cielo por la noche. Todas las estrellas estarán florecidas”, afirma el principito de Saint-Exupery . ¿No será esta metáfora celestial la mejor expresión de la felicidad?

@ivanciusL